¿LOGRARÉ QUE CAMBIE SU CONDUCTA?
Influir en la conducta de otros no es tarea fácil. Sin embargo, tratándose de hijos, pareja, amigos, estudiantes, la humanidad, hacer el bien es un esfuerzo loable.
Acciones que ayudan: Decirle claramente lo que le admiramos, ya que
influimos directamente de manera positiva sobre su motivación y autoestima. No
esperes que cambie de una sola vez, el proceso es gradual. Mantén la calma, alaba
cada una de las pequeñas conductas indicativas de un cambio para mejor. Sé un
ejemplo a seguir actuando con honestidad,
disciplina y perseverancia en tu objetivo. Busca acuerdos, sé empático,
reconoce tus errores y no maltrates aun en el caso de que recibas un trato que
no te agrade. Revisa qué concepto tienes de la persona cuyo cambio
quieres provocar, si consideras que no vale la pena ni lo intentes, no pierdas
tu tiempo, tu falta de fe en ella te lo impedirá.
En cambio, no ayuda: Nombrar siempre la conducta negativa. Esta práctica, en vez de extinguirla, la refuerza. Además, representa el peligro de la llamada “profecía autocumplida”, es decir, marca el camino a seguir para que la persona, inconscientemente, cumpla con aquello que su baja autoestima le ha ayudado a instalar. Ejemplo, “soy malo en matemáticas, por lo tanto, nunca aprobaré un examen de esa área”. ¡Listo!, se cumplió… Y no es por arte de magia sino el cumplimiento de un programa de fracasos que se instaló a raíz de los reproches de progenitores o figuras de autoridad en general, que señalaron: ¡No sirves para eso”. No haces nada bien! Eres bueno para nada”, lo haces por molestarme”. Tampoco ayuda amenazar, castigar, regañar, hacer señalamientos y juicios de valor (la dañina y acostumbrada frase “tú eres…”) hacia la persona y no hacia la conducta no deseada. Otro fracaso garantizado es intentar educar sin enseñar, es decir, dar normas de buen comportamiento sin indicar o explicar detalladamente cómo hacer las cosas de mejor manera.
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